Es tranquilidad, son sensaciones que se contradicen. Después de esa odiosa voz, llega a mí un ritmo que confunde mis sentidos. Ahora, es mi ser entero palpitanto fuerte. Con él la anoranza y el recuerdo de él. Es el dolor, es el presente, es la excitación.miércoles, 5 de septiembre de 2007
TALLER DE MÚSICA
Es tranquilidad, son sensaciones que se contradicen. Después de esa odiosa voz, llega a mí un ritmo que confunde mis sentidos. Ahora, es mi ser entero palpitanto fuerte. Con él la anoranza y el recuerdo de él. Es el dolor, es el presente, es la excitación.ENTREVISTA
PROFESOR DE LITERATURA JHON FREDDY ZAPATAPrimero, profesor Jhon Freddy Zapata ¿Quisiera usted comentar un poco acerca de su formación literaria en el curso de su vida y que maestros puede rescatar de ella?
En primer lugar, tendría que hablar de una formación en el seno familiar. Mi mamá era muy buena lectora, le encantaba la poesía, a diferencia de papá que se inclinaba más por la lectura de textos de carácter político. Ellos eran campesinos, por lo que conservaban una enorme tradición oral. Luego, vino la experiencia escolar, en donde hubo profesores que me marcaron bastante, primero fue mi profesor de español, en tercero de primaria, se llamaba Orlando, y me marco porque sabía mucho de literatura antioqueña y nos recitaba a los poetas antioquenos: Antonio Mejía, Alejo Gutiérrez, nos rezaba el Padre Nuestro en latín, nos inculcaba siempre el amor por lo propio. Posteriormente, hubo otros como Álvaro Zapata, Guillermo Renteria, profesores de mis últimos años de bachillerato. La formación en esta etapa fue más de corte autodidacta, siempre fui muy inquieto, en la casa por lo general había libros para leer y si no había periódicos.
Ascendiendo en su proceso de formación, ¿Podría usted contarnos un poco acerca de su formación universitaria?
Allá disfruté de mi mejor experiencia con la escritura, tuve la oportunidad de contar con profesores que además eran escritores reconocidos en la región. Entre ellos: el profesor García, de composición española en la universidad de Antioquia; el profesor Gilberto Vélez, ganador del PREMIO ENKA, autor de muchos textos de literatura infantil y juvenil; Natalia Picus, también autora de literatura infantil, y por último; Luís Fernando Macías, poeta y escritor antioqueño. Además, la metodología de seminario investigativo, que se practicaba en
¿En cuanto a experiencia negativas de las etapas mencionadas que nos puede contar?
Malos recuerdos en el concepto de literatura no tengo, más bien de la variedad de malos profesores que tuve. Muchos de ellos se limitaron a enseñarnos una cantidad de reseñas y datos que no conducían a nada. El curso de literatura no se puede convertir en un recuento exhaustivo de datos, de fechas, donde no se abogue a la obra literaria.
Retamando sus buenas influencias ¿Qué autores le legaron éstas?
De mi familia, en primer lugar, rescataría la tradición oral, de Antioquia particularmente. En segundo lugar, en cuanto autores se refiere, el más importante fue Julio Flórez, es uno de mis poetas favoritos, con todas las críticas que le puedan hacer desde lo académico; es una herencia materna. De otro lado, con Don Orlando conocimos a Antonio Mejia, Gregorio Gutiérrez Gonzáles y Tómas Carrasquilla. Con el profesor Rodrigo en Cuarto y Quinto de primaria, recuerdo los cantos infantiles: “En un bosque de
¿Cuáles de sus escritos fueron significativos para usted, en esa época de su vida?
Cuando tenía diez años, murió, el entonces técnico del nacional, Osvaldo Zubeldía. Le escribí alrededor de cien versos en homenaje a su muerte, pues yo era hincha furibundo del nacional, es más, sigo siéndolo. Fueron versos muy lindos, con una rima y una métrica perfecta, me venía por herencia, pues mi papá era trovador. Infortunadamente, esos versos se perdieron y con ellos quinientos más. Otro escrito significativo, fue un discurso que hice en bachillerato satirizando el comportamiento de la población colombiana en Semana Santa. Recuerdo, que los profesores no querían que lo leyera, porque para ellos era muy polémico. Además, se vienen a mi mente unos versos que escribí, ya hace bastante tiempo, para una alumna de la que me enamoré en la universidad; el último día de clases no aguanté, se los entregué y la conquisté.
¿En que momento de su vida decide ser licenciado?
Hombre, yo pienso que eso se lleva. Desde que yo tenía ocho años no recuerdo haber pensado algo distinto a ser maestro, por eso me siento realizado. Siempre fue mi proyecto de vida, mi vocación.
En este orden de ideas, ¿Para usted que significa enseñar?
A ver, enseñar para mí es la vida, es todo, es mi vocación, mi forma de vida, mi proyecto de vida; me veo realizado como profesor. Para mí es todo sencillamente.
¿Ha llegado a pensar que se equivocó de profesión?
Sí, claro. Cuando he tenido grupos que no responden, que me hacen pensar que erré en mi decisión. Esa experiencia la he vivido en dos o tres ocasiones, en los once años que llevo como docente universitario, son situaciones muy infaustas.
Por otro lado, ¿Cree que es posible enseñar literatura?
Sí es posible, siempre y cuando se haga con pasión, con el aliciente de trasmitir al estudiante una actitud para la literatura. Pienso que hay dos cosas, la disposición y la resistencia, a veces la resistencia es tan fuerte que acaba con cualquier disposición y con cualquier sustento.
En este sentido, ¿Qué pretende con la literatura desde su posición de profesor?
A ver, uno como profesor, de asignatura que sea, tiene una responsabilidad social. Es ella la que dicta la obligación de no sólo formar expertos en una materia, sino personas. A mí, la literatura me cae como anillo al dedo, porque, en mi concepto, es el mejor puente para unir a la humanidad. La literatura no divide, crea puente entre los hombres y, en este orden de ideas, es la mejor herramienta para formar conciencia individual y social.
¿Cree usted necesario que sus estudiantes sean concientes de su pasión por la literatura?
Sí, claro. Creo que es necesario que el estudiante se empape de esa incansable pasión por la literatura que tengo. Es más, creo que transmitirla es función perpetua de todo profesor. Sin embargo, existen factores que no permiten que esto suceda. Así como el enamorado que hace hasta lo imposible por conquistar a su amada, yo, me empeño en conquistar a mis estudiantes por la vía de la literatura. Pero así como, en ocasiones, el enamorado falla en su intento de conquista, pues su amada no está dispuesta a dejarse enamorar, me he encontrado con estudiantes fuertemente indispuestos a dejarse envolver por la literatura y, tristemente, contra esto quedo como el fracasado enamorado.
¿Piensa usted que cuando hay un fuerte alejamiento entre los estudiantes y el profesor de literatura es posible el buen desarrollo del curso?
No. Absolutamente no. Cuando no existe empatía entre el estudiante y el profesor, este último simplemente pasa a ser quien exige que lean unos textos para posteriormente evaluar que así se haya hecho, entonces, se perdería el sentido, el gusto, la pasión y la idea de formación sería reemplazada por la labor de información. En cambio, cuando el estudiante se deja enamorar por la literatura, se crea comunión; no hay evaluaciones, hay conversaciones, se disfruta y, por qué no, se vive la literatura. De estas últimas se sacan las más reconfortantes y satisfactorias sensaciones de la profesión.
¿Cuáles son sus más grandes temores a la hora de enfrentarse a un curso?
A ver, en la orientación de esta asignatura uno se puede equivocar de muchas maneras: en la selección de los textos, en la metodología del curso y en la manera de evaluar. Sin embargo, mi temor mas grande es no lograr una relación de empatía con mis estudiantes y, la resistencia de ciertos grupos, pues no habría a quien enamorar.
Hablando de metodología, ¿Cuales son las prioridades metodológicas?
Bueno, en este oficio hay muchas variables. Aunque uno haga las cosas con pasión, hay ocasiones en que uno no logra trastocar al estudiante. Por esta razón, se debe intercalar: el texto, la opinión personal y la opinión del estudiante. Además, acompañar la clase con textos audiovisuales. Por ejemplo, la voz de los autores, películas que muestren las obras, gente conocedora de autores o, en el mejor de los casos, a los autores mismos.
¿Qué criterios tiene para corregir?
Básicamente, tengo en cuenta tres criterios. Primero, el componte formal, es decir, ortografía, cohesión, coherencia, entonación. Segundo, el contenido, el que da cuenta de una investigación que se tuvo que haber hecho. Por último, el componente de formación, no tan tangible, pero de valor, pues un trabajo bien realizado da fe de un proceso de investigación y viceversa.
¿Tiene usted en cuenta las opiniones de sus estudiantes para la realización de un curso de literatura?
Sí, generalmente hago una encuesta a mis estudiantes al final de los cursos, con el fin de buscar próximas mejorías. En ella pido, de manera anónima, sugerencias en cuanto a la metodología, contenido y evaluación de la asignatura. Suelo llevarla a cabo en los intermedios de los cursos cuando las cosas no funcionan, pues me cuestiona enormemente el hecho de que puedo estar fallando.
¿Cómo cree usted que es, últimamente, el nivel académico de los estudiantes de literatura?
Lastimosamente, debo admitir, con todo el pesar que esto me causa, que en esta universidad (Universidad Industrial de Santander) el nivel académico no es bueno. Diría que estamos en un 30% o 40% del nivel requerido, guiándome por las otras universidades en las que he laborado, lo cual no quiere decir que ellas estén en un 100%. He notado que aquí no se tiene el bagaje literario y teórico adecuado, en las diferentes áreas.
¿Cuál cree usted que podría ser la razón, por la que se presenta situación mencionada?
Yo creo que no es cuestión de buscar responsables. A veces, las universidades no cuentan con el personal suficiente para ofrecer los cursos que se requieren y resuelven asignárselo a un profesor que no es el mejor. Asimismo, hay algunas que carecen de una biblioteca básica o mínima para hacer un buen curso. Por otro lado, la indisposición de los estudiantes o las actitudes castradoras de los profesores (en cuanto a metodología, contenido o evaluación) son factores que hacen que la realización de un curso no se lleve de manera adecuada.
Cambiando un poco el enfoque de esta conversación ¿Qué se encuentra leyendo actualmente?
Cuando se está en este oficio uno debe ser como un pulpo “coger de todos lados”, porque el trabajo lo exige. En estos momentos, para la profesión, leo teoría y textos literarios en vacaciones, a fin de preparar el curso del siguiente semestre. Por otro lado, leo apasionadamente lo que tenga que ver con mi campo de investigación: la tradición oral versificada en Colombia. Y por último, debo decir que soy amante de la historia, especialmente la historia política y, de la filosofía, mi formación de pregrado.
¿Además de las experiencias personales, la razón lo motiva a leer y a escribir?
Sí, claro. En cuanto a la lectura, sacrifico mi propio gusto, mis pasiones, por la necesidad que tengo de formar al estudiante. Obviamente, hay textos con los que me identifico más, pero pienso en lo que él necesita. Con respecto a la escritura, no sólo las experiencias personales me motivan a crear escritos, sino también el momento político y la necesidad de la formación humana, personal y profesional del estudiante.
¿A la hora de leer, tiene en cuenta el sexo del escritor?
Yo creo que inconcientemente sí hay un prejuicio. Infortunadamente, las veces que me he tropezado con literatura femenina no me he sentido muy tocado, aunque, debo reconocer que hay excepciones, como la novela de la violencia en Colombia “Estaba la pájara pinta sentada en de verde limón” de Alba Lucia Ángel, “Dolores” de Soledad Acosta de Samper, una novela hermosísima del siglo XIX y, los poemas de Jucemar, cuya densidad y belleza no se pueden desconocer. Esto se debe a que en mi concepto, no se encuentra la misma rigurosidad y profundidad en tratamiento de los temas en comparación con la literatura masculina.
¿Que cualidades debe tener un buen lector?
Primero que todo, debe sentir pasión por la lectura. Por otro lado, debe haber disciplina, para que se disfrute mucho más del ejercicio. Y por último, debe ser humilde intelectualmente, es decir, no asumir actitud arrogante de erudito, por el contrario, ser capaz de intercambiar conocimientos, pues uno aprende para el otro, para que los demás se acerquen a lo que uno conoce. Esas son las condiciones básicas para ser un buen lector.
¿Cree usted que hay unos cánones que deben ser leídos por un buen lector?
Claro, indiscutiblemente. Yo creo que uno, como profesor de literatura, no puede morirse sin haber leído a
Ahora menciónenos sus autores dilectos
Bueno,
Permítanos ahora hacerlo participe de nuestro ultimo cuestionamiento ¿Qué recomendaciones haría usted a los involucrados con la literatura en su lucha social?
Para mí la literatura es militancia. Un escritor debe tener la eterna responsabilidad de denunciar al mundo y sus injusticias a través de ella. No sólo debe crear para la contemplación sino también para la concienciación. Los lectores no deberían desfallecer en su acercamiento a la literatura, porque ella abre puertas, mundos, visiones, enriquece personal y espiritualmente. Ella es un alimento necesario para todos, y debería ser uno más de la canasta familiar. Sí, un librito, en el mercado, aunque las políticas de promoción para la lectura en este país no sean muy alentadoras, creo que existen iniciativas particulares que ponen un granito de arena en esta lucha.
FIN