domingo, 19 de agosto de 2007

ES ESTO, LO QUE EN ESTE MOMENTO PUEDO CONTAR DEL PLANEADOR



Fue una sensación extraña paro a la vez divertida y satisfactoria. Cuando oí la voz de alguien que proponía la fabricación de un planeador para jugar, no supe que pensar, creí que tan pronto saliera de dicha clase iría por las instrucciones y que en el momento en que las tuviera en mis manos me pondría en la curiosa tarea.

Sin embargo, cuando leí por primera vez las instrucciones, supe que las cosas no iban a salir como realmente yo lo pretendía. Entonces, desistí de hacerlo inmediatamente y decidí esperar un poco. Así paso el fin de semana y se aproximaba cada vez más la hora de elevarlo y yo sin haber empezado a fabricarlo siquiera.

En este punto, creí que no lo haría jamás, pero justo en ese momento aparece un planeador ante mis ojos, éste, en efecto correspondía al resultado de la polémica tarea. Supe entonces, que en ese momento empezaría a hacerlo. No obstante, mi desespero durante su fabricación se hizo evidente. Sencillamente, suponía que no volaría, que quizá se desarmaría o que jamás lo terminaría. Sin embargo continué, al verlo terminado supe que en efecto no era lo que quería pero sí lo que esperaba. Entonces, sentí una confusa satisfacción, miraba mi planeador y sabia que era el mió y el de nadie más, pero también que no volaría como todos los demás, se veía demasiado débil.


En efecto, así fue, mientras nos dirigíamos al lugar donde deberíamos poner a prueba los aguzados planeadores, no hacía más que mirar los de los demás con el fin de notar los defectos del mió. No obstante, el que yo había construido me parecía particular, a pesar de lo chanflón me encantaba, me divertía con el sólo hecho de que estuviera ante mis ojos.

Así era, verlo irse de picada mientras dos o tres planeaban me hacia la mujer más feliz. En ese momento, sentí que me alejaba de mí, de mis circunstancias, mientras intentaba que mi “avioncito” no cayera tan rápido. Sin embargo, por más que puse empeño en mejorar la fuerza de mis brazos, la forma de tirarlo él no quería elevarse y no lo hizo.

Ahora, en este preciso instante, en el que continúo este texto, me siento plenamente satisfecha con mi planeador, me siento satisfecha de haber tenido la oportunidad de jugar con él. Aunque casi no sobrevive a tas atroz actividad, en mi intento por hacerlo planear, aún lo conservo, lo miro y es sencillamente imposible dejar de sonreír. Si bien me siento arraigada a mi planeador, sé que algún día habrá un segundo que planeará como este no lo hizo, pero que no lograra que olvide el primero

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